Aromas de café

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Antes de entrar,  ya ves en su cara de fuera que te quieren hablar, que te quieren abrazar con su encanto y con su pasado. Es como si te llamaran a entrar para arroparte con su encanto.

Son esos cafés antiguos, esas maravillas a las que entras para llenarte de historia, esos que tienen aroma de personas, de épocas, de tertulias, de amores, de encuentros y desencuentros, de risas y sabores, de esperanzas y desesperos, de reflexiones, de silencios y complicidades, de desconocidos que se conocen y desconocen cada día, de lecturas, de miradas y cegueras, de timideces y osadías, de costumbres y casualidades, de infancias y vejez, de amistad, de familia, de risas, de charlas interminables, de música, de recuerdos y de olvidos, de soledades acompañadas. De humanidad concentrada y esporádica.

Esos cafés con sus mesas de mármol anciano, que es como el pergamino del papel, como el ocre del dorado, como el carbón de la madera. Ese que está gastado de manos y codos y de golpes de suerte y desgracias, de roce de café y tabaco, de porcelana y de cristal, de metal gastado y de vidas tocándolo durante años. ¡Como atrae especialmente ese mármol!. Tanto como el hierro dibujado o la madera sobre los que descansa y que lo soportan ya agotados de días y días pasados. Tan antiguo, tan cálido, tan de ti y de todos los que lo han palpado. Lo tocas y sientes las historias que ha oído y sentido, las que ha escuchado y soportado en silencio y ha ido acumulando con el tiempo y con la que ha ido envejeciendo y apagando con suavidad su brillo, transformándolo en esa especial calidez de tiene la vejez.

Y esa mesa del rincón desde la que se puede observar y oír todo sin ser apenas visto, en la que nadie se fija al entrar, pero la más íntima y entrañable porque lo absorbe todo más que ninguna otra. Esa que siempre elegiría para leer, meditar, conversar, pensar, observar o simplemente para estar y sentir el aroma del lugar. Allí parece como si formaras más parte de él.

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En los viejos cafés, la gente parece de otra manera. Es como si el entorno los transformara en parte de él. Parecen las personas como más entrañables, más misteriosas, más auténticas dentro de su ya inmensa autenticidad. El café parece que lo dignifica, lo enternece, lo hace todo más literario: las tazas, las servilletas, los periódicos, los sobrecillos de azúcar, las cucharillas, las teteras, las copas. Incluso el ruido, bajo los altos techos que parecen algunas veces pequeñas obras de arte, como el propio lugar, parece menos molesto y más melodioso, como formando parte de una escena del pasado o de un todo perfecto al que, si le quitaras algún elemento, resultaría incompleto.

Todo parece más suave y tenue en un café antiguo. Es como un museo de hostelería donde puedes observar las obras de la historia del lugar contemplando los objetos recopilados por sus distintos ocupantes a lo largo del tiempo y que han ido colocando en las paredes, estanterías, barra, techos o vidrieras como si fueran trofeos en exposición para mostrarlos a quienes visiten el lugar.

Cafés que son aroma de historia. Lo estático de todo lo transeúnte. Perfume de vida y humanidad.

Cafés antiguos. Los puede oler y sentir en este momento.

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8 respuestas a Aromas de café

  1. poedaz dijo:

    Me siento identificado con tu visión en este artículo 🙂 Me gustaría saber si quién se esconde tras estas palabras es un hombre o una mujer… Porque ni te imaginas la curiosidad que levanta la identidad del artista que ha creado esta obra.

    • desluzia dijo:

      Muchas gracias de nuevo por tus halagos y tu interés. Lo importante no es quien escribe, sino que llegue a quien lo quiera leer. Me alegro muchísimo de que te gusten mi letras, de verdad. Para mí, escribir es una necesidad de expresar lo que siento al ver y conocer lo que me envuelve y me emociona. A veces, creo dicen mucho más de mi mis letras que mi persona. Muchas gracias de nuevo y reitero que la admiración es mutua. ;))
      Por cierto, feliz día de tu cumpleaños. Disfrútalo al máximo. Hoy es un día de viento donde yo estoy. De esos en los que la Tierra nos habla. Colgaré esta noche un escrito sobre esos días. Me encanta describir la Naturaleza. Un abrazo y feliz día.

      • poedaz dijo:

        Muchas gracias 🙂 Me maravilla en gran medida leerte. Plasmas en tus letras la sensación tan hermosa que produce el contacto con la tierra. Sí, esa admiración es mutua. ¡Muchas gracias por todo! 🙂 Es un placer seguirte leyendo.

      • desluzia dijo:

        Gracias a ti. Lo mismo digo. 😉

  2. carmeniemela dijo:

    Es verdad que los escritos dicen más sobre el autor que la persona misma.
    Hay escritores que tienen la habilidad de hacernos disfrutar cuando leemos sus palabras y por lo tal su apariencia sale sobrando.

  3. En Uruguay existía un gran café llamado Sorocabana, donde se reunían los grandes escritores a escribir y conversar.
    Hace pocos años cerró y se llevó con él gran parte de la historia.
    Un abrazo.

    • desluzia dijo:

      Los cafés siempre han sido lugares de encuentro, de tertulias, de compartir aficiones, de descanso, rincones para leer, para escribir. Lugares de acogida, refugio o complicidad. Espacios de personas y de historia de cada lugar. Es cierto.
      Muchas gracias por el comentario.
      Un saludo también para ti.

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