Templos

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A parte de la de mirar al mar o caminar por un bosque, no conozco mayor sensación de paz como la que produce visitar un templo. Parece que, al entrar, te envuelva una especie de aura de tranquilidad que hace que te desconectes del exterior, de lo terrenal, para penetrar en lo místico, en esa especie de dimensión paralela en la que depositan sus esperanzas y sus penas los creyentes.Y es curioso que ese efecto lo producen todos los lugares de culto, da igual la religión que albergan o el lugar donde estén.

Un templo es silencio, meditación, olor a incienso, a cera, a súplica, a perdón, a confesión, a secreto, a desahogo, a interior, a desnudez de alma. Es suavidad en todo. Es la dulzura de la luz de las velas. Es secreto de confesionario. Es respeto y discreción. Es universo de lo tenue. Es respirar el más allá de muchos y adentrarse en un recipiente de consuelo, de anhelo y de esperanza de salvación.

En las zonas de culto, los bancos, las alfombras, los suelos de bambú o de madera y los libros de rezos y cánticos están gastados de rodillas rezando y de manos adorando y mojados de lloros enterrando y alegrías bautizando. Y también de amor regalado y celebrado y del más puro agradecimiento por deseos cumplidos y tristezas consoladas.

Se concentran en los templos las emociones de personas ante sus dioses que parecen haberse quedado encerradas allí como si se tratara de una biblioteca de fe llena de imaginarias estanterías de súplicas, confesiones, dudas y certezas de religión y de vida. A veces, cuando los visito, cierro los ojos o los abro observando a los fieles, para intentar oír y sentir esos sentimientos y noto que, para esa gente, su fe es un verdadero alivio de existencia y salvación. Es eso lo que desprende el aire de un templo.

Y es en ese ambiente dulce donde, además, puedes contemplar el más hermoso arte. Los frescos en las cúpulas, en las paredes, en los altares, que son como cuadros convertidos en gigantes que se deslizan por todo el interior del edificio como queriendo impregnarlo por dentro de belleza. Como si lo quisieran envolver interiormente de preciosidad para regalo de los dioses. Y todo ello, a veces, acompañado de esa especial profundidad de la música y los cánticos sacros. Las formas de los techos y paredes: arcos, cúpulas, tragaluces y vidrieras que hacen de caleidoscopio del Sol y transforman sus rayos en infinitos colores, columnas con formas de árboles y naturaleza, desgastadas muchas veces por los abrazos de manos y espaldas de quienes se han apoyado en ellas mientras se apoyan en su fe … Todos ellos adornados con relieves y esculturas de ángeles, santos, dioses, flores, nubes, cielos y paraísos de esperanza.

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Y como complemento ideal de todo ésto, están esos curiosos y, muchas veces, bellos instrumentos de los rituales : el agua depositada en hermosos recipientes, la delicadeza de los pequeños cuencos para purificar el alma y el cuerpo, los majestuosos candelabros de los altares, los infinitos soportes de las ofrendas en forma de pequeñas velas encendidas que parecen luciérnagas de rezo sin alas, las barritas de incienso clavadas en la arena sagrada simulando un bosque de bambú de tonos rojos desprendiendo el aroma del misticismo, las pequeñas y encantadoras notas de plegaria, íntimas y anónimas que se hacen compañía unas a otras como queriendo reforzar su eficacia con su unión formando un árbol cuyas hojas se han convertido en susurros de rezo., los farolillos de múltiples formas colgados que, de noche, convierten al lugar en un espectáculo de diminutas luces envueltas de papel de seda dibujado… Y muchos otros… Las cintas de colores atadas a las rejas de los patios que parecen pompones animando las oraciones del interior… Y muchos otros, hasta una lista tan interminable como la imaginación.

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Deambular por estos espacios te da tanta sensación de sosiego y paz que casi te conviertes en creyente de todo. Puede que esa sea la sensación que ansían tener los fieles al entrar en el paraíso del Dios en el que tienen fe. Esa.

Todo esto es lo que veo y siento al visitar un templo. Todo esto.

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4 respuestas a Templos

  1. pprestel dijo:

    Muy bonitas fotos y una narración estupenda!!!!!

  2. Simoun dijo:

    Precioso el blog, ahora yo también te estoy siguiendo, gracias por seguirme tú en el mío y espero que te esté gustando tanto como a mí el tuyo…

    Por cierto, ¿de donde es la primera imagen que pones?

    • desluzia dijo:

      Muchas gracias. Muy interesante tu blog. La imagen es del templo Wat Rong Khun. Está en Chiang Rai, al norte de Tailandia.
      Gracias por seguirme. Un placer leerte.

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