Caminar entre lo viejo

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Hay una  sensación de languidez y nostalgia que tienes cuando caminas entre lo viejo.

Adentrarte en el corazón antiguo de un lugar. En una ciudad, andar por las calles estrechas con olor a historias, a personas antepasadas y presentes, a abrazos y peleas nocturnas de esquinas, a mercancías transeúntes, a hogares de siempre o de a veces, a paredes viejas de tactos y escondrijos, a desgarros y uniones de vida y muerte entre habitantes, a ventanas espías, a pisadas dulces de admiración y de miedo, a alma de refugio humano.

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Explorar en el corazón de la Tierra. En un bosque anciano y frondoso, donde te guían monumentos de vida, tan antiguos como la misma historia o quizás más y que, cuando más adentro vas, más te acaricia la brisa de su verde. Donde te cubres de una capa cálida de humedad y vida que huele a vigor, donde te reciben con confeti de hojas de árbol que caen de unas copas llenas de lluvia, donde el tiempo se escribe dibujando anillos en columnas de madera, donde las hadas te observan al pasar, donde notas el paso de animales que te contemplan desde su aparente invisibilidad, donde te llenas de frescura, donde el agua es movimiento, belleza y música entre un decorado de naturaleza. Donde, al caminar, pisas vitalidad y pequeños trozos de planeta, donde tocas siglos de pasado y te mueves entre testigos silenciosos y estáticos de horas y días, de brillantes soles y lunas inmensas.

Sumergirte en el universo de un anticuario, entre libros de corazón amarillo y desgastada tinta, entre muebles agotados de uso, entre lámparas de colores y hierro anciano cuya luz ahora es suave como las narraciones de los recuerdos, entre baúles vacíos de objetos pero llenos de historias sin contar o por descubrir, entre trapos que, en realidad, son telas de juicio o de locuras de otros tiempos, entre el ocre de fotografías que fueron blancas como algunas de las almas que retratan, entre objetos ahora sin uso y hace años usados, entre cuadros que un día enmarcaron hogares, entre recuerdos encerrados y pegados a cosas, entre lo joven de descubrir todo lo antiguo.

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Introducirte en un viejo edificio, refugio de gente de antes, notando, al tocarlo, la voz de todos sus moradores, de sus historias y pasiones y las de sus creadores, notando un universo de sensaciones al imaginar cómo era cuando estaba lleno de uso y movimiento, porque vida la tiene y la seguirá teniendo mientras haya quien lo pise y lo sienta. Notando el daño que ha visto y las alegrías y penas que ha sentido y escondido durante su existencia y que su desgaste y cambio ha ido siempre de la mano del que ha tenido el lugar en el que un día alguien decidió ubicarlo y hacerlo permanecer. Visitarlo es como residir momentáneamente en él, haciéndolo renacer un poco  e intentando entender como fue y lo que es ahora.

Abrazarte de sabiduría escuchando a un anciano y entrar en su memoria a través de sus relatos y de los objetos y secretos guardados durante años, que te muestra como joyas y pruebas de su existencia y de su ser, llenándote de esa serenidad que siempre transmite la vejez y esa especie de cansancio, conciencia y, a la vez, orgullo de haber aprendido y vivido mucho.

No se puede describir el efecto que produce el especial encanto y paz de todo lo antiguo, posiblemente porque no es más que un reflejo y manifestación de nuestra propia historia y existencia, de lo que somos y nos rodea y también de lo que venimos. De todos nosotros. Es como observar y descubrir el origen de nuestro propio interior.

 

 

 

 

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10 respuestas a Caminar entre lo viejo

  1. plumayluz dijo:

    Ufff, lo antiguo… Con toda esa vida guardada en su interior, en el dobladillo de su corazón, en las costuras del tiempo… ¡Con tanto que decir, que sentir y que hacer todavía…!
    ¿Me creerías si te digo que las cámaras de mi colección me hablan al oído, que me cuentan de sus historias por ese mundo que ya han vivido…? Seguro que sí, que tú también lo has sentido.

    Oye, deslizia o desluzia, que las dos formas veo… Una cosa, estoy buscando para poder seguirte pero no veo dónde está la barra lateral para seguir tu blog, ¿o es que no lo tienes activado?

    Un placer leerte…

    Saludos,

    • desluzia dijo:

      Sí que lo he sentido. Todo lo antiguo te habla si lo escuchas. A veces, cuando camino por un bosque, visito algún viejo edificio o un museo, oigo y siento a las personas que los habitaron o al artista que creó las obras. Ojalá lo pudiera notar todo el mundo. Es una sensación genial. No sé si es un exceso de sensibilidad, pero es así. Quizás sea causado por la admiración.
      Gracias por tu comentario y aprovecho para decirte que me encantan tus letras.
      Respecto a la barra, en mi ordenador, la pestaña de seguir me sale en una barra superior. Supongo que debe estar activada porque hay gente que me sigue. No tengo ni idea. Voy a colgar ahora un post y me fijo.
      Un saludo y un placer leerte a ti también. Feliz noche.

    • desluzia dijo:

      He publicado el post y, debajo del nombre de mi blog a mi me sale el enlace para poder seguirme. ????
      No sé. Igual es tu configuración. Ni idea. Mis conocimientos informáticos, como en todas las cosas, son extraordinariamente limitados.

  2. plumayluz dijo:

    …Creo que ya lo he logrado. Es que yo lo tengo de otra manera configurado y estaba buscando en otro sitio, donde no era. Espero haber acertado…
    Y sí, yo también creo que es exceso de sensibilidad, pero es todo un privilegio poder sentir así.
    Gracias por tus palabras de ánimo, pero soy un principiante en esto, y con más miedo que alma, y eso que creo que tengo mucho alma, pero he decidido lanzarme al vacío a ver qué pasa…
    ¡Feliz sentir en la madrugada…!

    Saludos.

  3. Por lo menos a mí, me da una sensación de tranquilidad, de cadencia de otros tiempos.
    La gente no tenía el apuro de ahora y se tomaba la vida de otra manera más despreocupada.
    Parece que la tecnología trajo el apuro, pero no puedo explicar por qué.
    Un abrazo.

    • desluzia dijo:

      Quizás sí. Ahora todo va mucho más rápido. Vamos y se nos exige muchas veces ir demasiado deprisa. Por eso, cuando puedes “perderte” en esos lugares o entre esos objetos, en cierto modo, intentas trasladarte a la época o mundo que quienes los crearon o allí vivieron.
      Igual es una tontería, pero cuando visito un edificio, un anticuario, un bosque …, suelo tocas las paredes, al igual que hago con las esculturas, los objetos o los árboles. Tengo entonces la sensación de que contacto con quien los creó, los uso o con quien, hace cientos de años, vivió o estuvo en esos lugares.
      No sabría como explicarlo: Es como sentir la historia a través de los lugares o los objetos: Caminar por la Acrópolis, sentarte en una antigua iglesia, caminar por la inmensidad de un bosque primario con árboles de más de dos siglos, seguir el contorno de una escultura, leer un diario manuscrito de Marco Polo …. No sé, miles de sensaciones.
      Difícil de expresar.
      Muchas gracias por el comentario.
      Un saludo.

  4. Me recordó aquellas antiguas bibliotecas municipales, con aroma a libros viejos.
    Aún era un niño (sí, era lector precoz)
    Pero a pesar de los años las recuerdo con nostalgia.
    Me salí un poco del tema, recordando.
    Muy lindo.
    Un abrazo.

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