Tuyos

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Siempre hay un espacio en algunos lugares que lo haces tuyo. Te lo apropias un poco durante esos ratos en los que estás en él.

Esa silla del pasillo de la derecha de la biblioteca, junto a la sección de lo que te gusta más leer.

Ese banco del parque bajo el árbol que un día elegiste para sentar tu tranquilidad. Un poco apartado del ruido. Donde lees o escuchas música o simplemente te sientas y respiras.

Ese callejón del casco antiguo donde casi no pasa ni para nadie, en el que un músico toca en una de sus esquinas y que da a una pequeña plaza llena de pequeños puestos de artesanía.

Esa mesa de aquel café al que acabas yendo, la que está al fondo junto a la ventana, desde la que ves la calle sin que te vean, que está junto a la pared donde cuelgan fotos antiguas.

Esa pequeña tienda de cosas tan inútiles y necesarias para nada, pero que te encanta buscar y comprar sin saber porqué, que son como adquisiciones accesorias sin aparente utilidad.

Ese pequeño sendero que no lleva a ningún sitio especial, pero que es en sí un paraje que te llena de paz. Ese que parece un túnel de árboles, con el arcén lleno de romero, tomillo y las flores silvestres que tiñen de distintos colores el sotobosque dependiendo de la estación y que tiene un intenso olor a montaña.

Esa sala de tu museo preferido que casi nadie visita porque las obras que contiene no tienen el don de gentes de las famosas, pero que a ti te atraen porque puedes estar junto a ellas sin nadie. Allí puedes sentarte y respirar ese arte con sosiego.

Ese rincón en la terraza frente al mar al que sueles ir en primavera y otoño, cuando ni el calor ni la gente son agobiantes y la lectura y la brisa se agradecen.

Esa pequeña heladería de siempre a la que, cuando quieres dulzura de paladar, te acercas y coges tu sabor preferido, el que más se parece a lo que necesitas.

Ese lugar de piedras antiguas al que has ido mil veces y al que volverás otras mil porque en él caminas junto a tu historia, pasada, presente y futura. Caminas entre las pisadas de tus orígenes como dándoles un homenaje y las gracias. Es como reconocerte entre tus ancestros, como viajar en el tiempo.

Esa plaza que ni es céntrica ni bonita pero que tiene ese especial encanto de lo acogedor. A la que llegas para quedarte pausado, para hacer una parada entre recorridos.

Ese hotel en medio de nada que lo es todo porque es tu refugio, donde te encierras del mundo en una caja encantadora, con velas, velos, madera, incienso, hora del té todo el día, libros viejos, paredes de piedra, baños de calidez y masajes de tranquilidad, violín cada noche, cielo, jardín, sombras de árbol, delicadeza de trato. Una pura estancia de suavidad.

Esa habitación de tu casa donde más te apetece estar, donde está tu sillón, el libro que lees, donde escribes y donde piensas, desde donde, a veces, ves atardecer y salir el Sol 

Todos esos espacios forman parte del tuyo propio. Son un poco tú.

 

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9 respuestas a Tuyos

  1. Que grandes palabras. Esa foto me hizo recordar una primavera que me apropié en Olot, Girona.

    Un saludo.

  2. Me identifico plenamente con tu texto, yo también confieso que soy una persona de las que me “apropio” de los espacios y los hago únicos.
    Un abrazo,

  3. Eso es saber vivir, tomas espacios comunes y llenarlos de contenidos personales. Un saludo.

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