Blanco


Hay lugares en el mundo que son blancos y que hacen que todo lo que hay en ellos sea más dulce, tranquilo e intenso.
Uno de esos lugares son los Llençois Maranhenses, a los que algunos llaman desierto, pero que, para mí, es todo menos eso. Están formados por kilómetros y kilómetros de una arena blanca como la nieve y fina como la harina. El efecto del viento hace que, al andar por la cima de las colinas de arena, no te hundas, lo que hace el trayecto mucho menos arduo. Es como si el suelo te aguantara para facilitarte el paseo. Entre las dunas, se esconden los lagos de agua dulce que se acumula en la época de lluvias cuyo fondo está cubierto de pequeñas plantas. Creo que si alguien hubiera inventado un paisaje onírico no lo hubiera hecho más perfecto que como, en ese lugar, lo ha creado la Naturaleza.
De día, el Sol se refleja en la arena y deslumbra tanto que tienes que llevar gafas para cubrirte los ojos. Suele haber una suave brisa que te ayuda a refrescante mientras caminas o te das un baño en los lagos que vas encontrando. Parece como si el lugar, como un atento anfitrión, hiciera lo posible para que el visitante se sienta lo más cómodo posible mientras permanece en él.
Los atardeceres rojos y naranjas tiñen la arena de colores. Con la brisa, las tonalidades del cielo y las curvas de las dunas te hacen creer que estás entre cortinas de seda de esas tornasoladas movidas por el viento.
Dormir allí significa contemplar el cielo estrellado que solo se observa en los desiertos, pero con el regalo de que, al reflejarse en los lagos, lo ves también en el suelo. Todo ello en medio de ese silencio de los sitios en los que te abraza la Tierra que te producen ganas de dar las gracias gritando con todas tus fuerzas. La sensación de subirte a una de esas dunas de noche, abrir los brazos, los pulmones y el alma de par en par es inenarrable. Es abrazarte de aire, como cuando escribes.
El Sol te despierta al amanecer y, al abrir los ojos, la primera sensación que tienes al observar el impoluto blanco de tu alrededor es que has dormido entre las nubes. Es como andar entre las sábanas de algodón con olor a limpio que tendía tu abuela en los días de verano y entre las que jugabas a esconderte de pequeño, esas en que las siluetas se dibujan como transparencias fotografiadas a contraluz. Esas.
Un lugar blanco que, si fuera música, sería adagio, si fuera danza, sería vals, si fuera letra, sería una oda. Y, si fuera aroma, sería el del clavel.
Un lugar blanco.

 

Imagen

 

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6 respuestas a Blanco

  1. Félix dijo:

    Impresionante. Me hiciste viajar alli. Gracias un saludo

  2. rosalia69 dijo:

    Que pasada, un buen lugar para perderse
    Saludos

  3. plumayluz dijo:

    …Dan ganas de ir esta misma noche para descansar del ajetreo del día y mañana, pasear por sus blancas colinas.
    ¡Bonito!

    Saludos.

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