La casa de las ventanas bonitas (6)

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Partes 1, 2, 3, 4 y 5 del relato publicadas los días 11, 13, 18 y 27 de Abril y 17 de Mayo.

Esa noche durmió como un tronco. Debía ser por el cansancio o por la tranquilidad que se respira en Jaisalmer, donde, aparte de la zona del mercado, las estrechas calles están prácticamente desiertas y el grosor de los muros de piedra de las antiguas casas- el hotel donde se hospedaba era una haveli restaurada- te aíslan de todo sonido.

Al mirar su móvil comprobó que había recibido un email de Ival. Lo abrió y, tras conocer que iba hacia Delhi, decidió partir hacia allí de inmediato. Al fin y al cabo, ya había terminado lo que tenía que hacer en la ciudad.

Desayunó y se dirigió hacia la capital.

Durante el vuelo, Munrad le dijo a Ival que su hermano mayor, Jamad, les estaría esperando en el aeropuerto. Le dijo que su familia era una de las más antiguas de la India que, durante generaciones, su historia había sido relatada por escrito en diversos libros y que, en uno de esos libros, se habían tapado los manuscritos con pinturas en miniatura como la que él poseía. De ahí el interés de su familia por la obra.

Ival lo escuchaba con una actitud que estaba entre la sorpresa y el escepticismo, pero en todo caso, con un gran interés. Era una situación de lo más curiosa.

Aterrizó el avión en Delhi a primera hora de la tarde y en el aeropuerto les esperaba el hermano de Munrad. Se presentó como Jamad Indradhanusha.

Mientras viajaba hacia la capital, Eda recibió una llamada de la secretaria de su cliente rogándole que se viera con él a las 20 horas en el hall del Hotel Hilton. Era importante que asistiera, le dijo. Su jefe tenía algo muy importante que mostrarle.

Tras darle la bienvenida, Jamad le dijo a Ival que se hospedaría en uno de los pisos que tenía su empresa en el centro de la ciudad y pidió que le mostrara la pintura en miniatura. Ival accedió y se la entregó. Tras verla, tuvo la misma reacción que su hermano Munrad. Se quedó perplejo. Estuvo contemplándola en silencio durante, al menos, un cuarto de hora. Estaba anonadado, sorprendido y ausente. Tanto que llegaron a su destino y entonces reaccionó. Devolvió la pintura a Ival y le dijo que sospechaba que había pertenecido a su familia, pero que era mejor que la viera algún experto para asegurarlo.

Jamad propuso a Ival que se encontraran para cenar. Realizaría una serie de gestiones mientras él descansaba. Lo pasaría a recoger a las 19,30 horas. Le dijo que llevara consigo la pintura.

Ival, aunque extremadamente intrigado, accedió. Bajó del coche y subió al apartamento. Era un edificio lujoso y muy bien cuidado, pensado, dedujo, para los invitados de la familia o clientes de la empresa.

En el piso había de todo, comida y bebida en la nevera, todo lo necesario para la higiene e incluso algunas prendas de ropa para andar cómodo en uno de los armarios, como un albornoz, zapatillas y alguna otra pieza de algodón. También había un servicio de asistencia personalizada por si necesitaba alguna cosa.

Tomó una ducha y bebió un refresco. El día estaba siendo largo e intenso. Después comprobó su correo. Había un mensaje de su contacto en Camboya. Allí todo seguía igual. No le sorprendió. 

Después envió un correo a Eda diciéndole que ya estaba en Delhi. Le dijo que podrían verse, seguramente y si a ella le iba bien, al día siguiente, que esperaba su confirmación. Estaba impaciente por explicarle todos los acontecimientos y quería hacerlo personalmente.

Tras enviar el email, se dispuso a descansar un rato no sin antes contemplar un rato la pintura pensando en todo lo ocurrido hasta entonces. Todo un misterio y un cúmulo de casualidades.

Cuando faltaban diez minutos para las 20 horas, Eda llegó al Hotel Hilton. La recepción, como todas las de estos alojamientos, era enorme, con mucho cristal, mármol y lámparas, pero sin personalidad alguna. Por mucho que se esmeren, pensó, nunca estos grandes hoteles consiguen la calidez de las pensiones o de los pequeños hostales. Parecen hospitales, estaciones modernas o edificios administrativos. Todo muy impersonal.

Se sentó a esperar mientras se entretenía contando los sofás de un tono granate oscuro que llenaban el inmenso e innecesario espacio del hall. Lo imaginaba destinado, por ejemplo, a una biblioteca, repleto de altas estanterías llenas de libros. Seria un lugar mucho más aprovechado que aquel con toda seguridad.

A las 19,30 horas en punto llamaron al timbre, lo venían a recoger. Subió al coche. dentro estaba Jamad. 

Circular por las calles de Delhi es una actividad apta solo para quien lleva residiendo allí durante años. Es navegar en un caos organizado de infracciones de tráfico, esquivando coches, motos, peatones, bicicletas, pequeños camiones, puestos de venta ambulante, vacas … Nada funciona como debería pero, aún así, funciona: los semáforos son invisibles para todo el mundo, los pasos de cebra no son para pasar, porque nadie cruza por ellos, los frenos no se usan porque se esquiva a los obstáculos que te vas encontrando y todo así. India en estado puro: intensidad, gente, mercancías, animales, acumulación de todo, orden desordenado.

Finalmente llegaron a su destino, el hotel Hilton. Jamad informó a Ival de que allí se encontrarían con un experto que había contratado para estudiar unas pinturas y unos manuscritos antiguos que pertenecen a su familia. Le enseñaría la pintura de Ival para conocer su opinión.

Entraron en el hall. -¡No lo podía creer!. ¡No lo podía creer!. Era ella. ¿pero, qué hacía allí?-.

Eda se levantó de un salto al verlo. Estaban los dos tan sorprendidos que se quedaron mudos mirándose uno frente al otro.

Entonces, Jamad intervino y le dijo a Ival -”Le presento a la Señora Eda Gálvez. Es la coordinadora del equipo de expertos que hemos contratado para el estudio de las obras que le he comentado antes”.

Ambos, al unísono y como si lo hubieran ensayado, se limitaron a decir -”Ya nos conocemos”. 

Antes de que Jamad dijera nada, cada uno de ellos sacó su respectiva pintura y la colocó encima de una de las mesas de la recepción. Al unirlas, comprobaron que eran dos mitades de una única obra en la que lo primero que destacaba era un hermoso arco iris que, en hindi, es indradhanusha.

….

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8 respuestas a La casa de las ventanas bonitas (6)

  1. plumayluz dijo:

    Ya echábamos de menos a estos chicos… Y ahora que se han juntado, ¿qué…? No adivino hacia dónde les puede llevar este nuevo camino, pero seguro que será interesante, que la historia cada vez está más intrigante….
    Esperaremos al siguiente capítulo…

    ¡Muy bueno, enhorabuena?

    Saludos.

  2. rosalia69 dijo:

    Me encanta, poder despertar y viajar a un pais que adoro. Gracias

  3. alfredhiedra dijo:

    El reencuentro me ha parecido frío. Pero, seguro que desconozco algo.
    Un “caos organizado”, un “orden desordenado” … como el fluir de la Naturaleza, que nos empeñamos en intentar controlar más que en comprender e integrar. Me mantengo atento a la séptima entrega.

  4. Chestersoc dijo:

    Muy bonito.
    Por fin mañana haré el reconocimiento del premio, pero creo que esos premios son más para los estupendos creadores, como tú. Gracias de nuevo

    • desluzia dijo:

      No hace falta si no quieres. Solo es una recomendación. Creo que te mereces muchísimo la nominación por el contenido de tu blog y sus interesantes artículos. Tú creas conocimiento. Mucho más que yo. De nuevo felicidades por tu espacio. Un abrazo y feliz noche.

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