La casa de las ventanas bonitas (7)

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Partes 1, 2, 3, 4, 5 y 6 del relato publicadas los días 11, 13, 18 y 27 de Abril ,17 de Mayo y 8 de junio.

Tras estar unos minutos contemplando la pintura, ambos se miraron y se dieron un fuerte abrazo.

A veces, lo esperado es tan imprevisible que se hace gloriosamente casual.

Tras saludarse y sonreir de satisfacción, se acordaron de Jamad, que los observaba perplejo y sin entender absolutamente nada.

Le explicaron que ya se conocían, pero que su amistad nada tenía que ver con sus profesiones ni con las pinturas. Todo era una adorable coincidencia.

Jamad, como buen hindú, les respondió con una de esas reflexiones que suelen adornar todas las conversaciones que mantienes con alguien de Asia y que, seguramente, derivan de esa intrínseca y extrema espiritualidad de oriente.

En un tono serenamente tranquilo les dijo. “Todos somos reencarnaciones, pero nuestros espíritus son únicos e inmortales. Son nuestra esencia y hay esencias que están unidas por el karma. Con toda seguridad, las vuestras lo están. Posiblemente ya hayáis sido en otras vidas rama y hoja o cera y fuego. El karma une o separa esencias. La vuestra ahora se ha unido por alguna razón”.

Ival y Eda se miraron. Demasiado misticismo para un momento como ese. Se limitaron a asentir, como diciendo ¿Quien sabe si es casualidad, karma o destino? y, en todo caso, ¿Qué más da?.

Tras observar brevemente la pintura con una lupa que siempre llevaba en el bolso, Eda concluyó que, casi con toda seguridad, ambas pinturas eran mitades de una sola, pero no podía afirmarlo con seguridad hasta analizarlas en el laboratorio.

Jamad propuso ir a su casa para tener privacidad y poder tratar el asunto con más intimidad. Así lo hicieron.

Vivía en una antigua mansión completamente restaurada junto a un gran parque que parecía un bosque por su frondosidad y extensión. Cenaron en un enorme comedor de cuyo techo colgada una espléndida y algo ostentosa lámpara de cristal de murano.

Tras la cena, exquisita, por cierto, como el trato de Jamad y de toda su familia, se trasladaron a una sala que, según les comentó el anfitrión, había sido una biblioteca. De hecho, conservaba todas las estanterías antiguas de una madera de caoba que tenía un tono rojizo, tirando a granate oscuro, como el de la sangre cuando haces una donación y la depositan en una bolsa. Rojo negro. Elegante, regio. Ese tono. Se alzaban las estanterías hasta el techo, que estaba adorando en todas sus esquinas y bordes, cual marco, con unos excelentes trabajos de marquetería que mezclaban la claridad y nobleza de la madera de roble y la sobriedad de la misma caoba de los muebles, donde descansaba una extensa colección de libros antiguos. Todo un tesoro.

En el centro, se habían realizado unos frescos que, según afirmó Jamad, eran reproducciones de pinturas en miniatura de la familia, presididos por un arco iris, que es el símbolo y significado de su apellido.

De una de las paredes de la habitación se habían retirado las estanterías para destinarla a la exposición de algunas de las miniaturas de la familia.

Eda e Ival se quedaron boquiabiertos al verlas. Eran espléndidas, maravillosamente conservadas y de una calidad excelente. Jamad les dijo que su familia, durante generaciones, las había adquirido y coleccionado. Especialmente fue entusiasta de ese arte su bisabuela, Radha, que conocía su técnica e incluso llegó a realizar algunas de esas obras.

Cuando oyó eso, a Eda le vino inmediatamente a la mente la imagen del anciano de Jaisalmer y el relato que le explicó sobre su tía. Empezó a atar cabos.

Se levantó de golpe y dijo que estaba agotada, que, al día siguiente quería ir temprano al laboratorio para hacer las pruebas a las pinturas y que pedía que la disculparan. Era tarde y deseaba retirarse. Tras mirar a Ival de reojo, éste también pidió ser excusado.

Jamad obviamente estuvo de acuerdo. Decidieron encontrarse al día siguiente por la tarde.

El anfitrión les ofreció su coche y su chófer para acompañarlos a sus respectivos alojamientos.

Tras entrar en el coche, Ival observaba a Eda con esa expresión tan característica de la impaciencia, esa de mirada fija y casi infantil, penetrante, pero transparente de intención e inocente de voluntad, como la de un niño al ver un regalo sin abrir.

Entonces y antes de que él dijera nada, Eda le propuso ir a su apartamento donde le explicaría todo lo que creía haber descubierto. Como es natural, él accedió y dieron las correspondientes instrucciones al conductor.

Ya en el apartamento, Ival sirvió una copa a Eda y se sirvió otra para él. Entonces, ella le dijo: “Sé quien realizó esa pintura. Fue Radha, la bisabuela de Jamad y Munrad”.

Ival la escuchaba como quien oye por primera vez esa canción que siempre te acabará encantando y acompañando, en silencio y prestando atención a cada una de las notas, de las estrofas de su letra, de las pausas y de los estribillos.

Eda le relató su entrevista con el anciano en la haveli de Jaisalmer. Su nombre era Savid Ohjad y es sobrino de la bisabuela de Jamad.

Tras la narración, Ival volvió a reflexionar sobre lo casual e inesperado que podía ser todo en la vida. Últimamente éste era un tema recurrente en sus pensamientos.

Ambos coincidieron en la conclusión de Eda. Ahora debían averiguar como fue a parar la mitad de la pintura a la casa de Ival y cual podía ser el contenido del manuscrito que cubría. Como en ella podían leerse algunas frases del mismo, decidieron quedar al día siguiente a primera hora de la mañana en el laboratorio, donde la mostrarían al traductor para ver si descubrían alguna cosa.

Se despidieron. Eda pidió un taxi y fue a su residencia.

Ival se quedó pensando sobre todo lo ocurrido. Quizá Jamad tenía razón respecto al karma y a la unión de las esencias y, por algún motivo, Eda y él se habían encontrado. También pensó que esa noche ella estaba bellísima. Quizá fuera por el entusiasmo del momento o por la sorpresa o por contemplarla realizar su trabajo con pasión o quizá simplemente porque era bella o a él se lo parecía.

Al día siguiente, Ival se dirigió al laboratorio. Eda lo recibió en la puerta y lo acompañó al despacho donde se encontraba trabajando el traductor.

Al entrar y verlo, Ival empezó a reirse a carcajadas repitiendo constantemente la palabra “increíble”, “increíble”, muchas y repetidas veces sin parar. Parecía ido.

Eda se quedó pasmada ante la reacción. Entonces, el traductor, con una enorme sonrisa en el rostro y con esa sensatez que le era innata, le dijo: “Tranquila, Ival es así: es pasión, es sorpresa, es explosión, es uno de mis mejores amigos”.

Entonces Ival, ya más calmado, se dirigió hacia él y, en un efusivo apretón de manos, le dijo. “Mi querido Hamid, que sorpresa y que alegría verte. Era el último lugar donde esperaba encontrarte.”

 

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6 respuestas a La casa de las ventanas bonitas (7)

  1. plumayluz dijo:

    Va bien la historia, cada vez más intrigante. Pero me falta un poco más de “roce” entre los protagonistas, ¿no crees…? Un poco más de Amor, que los he visto un poco retraídos después de estar tan deseosos de verse…

    Todo llegara, que no lo dudo, pero es que necesitaba verles envueltos en un poco más de pasión… 🙂

    ¡Sigue magnífico el relato, enhorabuena!

    Saludos.

    • desluzia dijo:

      Gracias por el comentario. Me alegro de que te guste el relato. Tomo nota de tus sugerencias en cuanto a los protagonistas. Un saludo y feliz noche.;))

      • plumayluz dijo:

        ¡Ojo, que son tus hijos y solo tú decides sus caminos…!

        Pero gracias…

      • desluzia dijo:

        A ti por el comentario. Les esperan muchas sorpresas a los protagonistas. Estoy en ello. Agradezco muchísimo tus comentarios. Gracias y feliz día de tu Santo. Espero que lo disfrutes. Un saludo. ;))

  2. mariapanama dijo:

    En el papel de lectora y como veo que sientes interés por lo que nos motiva como tal, me atrevo, con tu permiso, a sugerir un poco más de labor en el asunto del karma, darle un poco más, pues a mi parecer es lo que el toque pretende dar el misterio, creo, siento así, a pesar de todo este marco, el misterio del karma aparece, creo, está tratado un tanto a la ligera, a pesar del escenario y la intención clara de que así sea….pero, al final es tu decisión, eres quien tiene la idea completa de lo que buscas, por lo demás, tiene vitalidad que se empalma bien con el carácter de los personajes y los hechos narrados… felicidades…

    • desluzia dijo:

      Muchísimas gracias por tu comentario. Agradezco muchísimo que me leas y tu interés. Tendré en cuenta lo del karma. Me enamora el misticismo de oriente, de ahí la introducción del tema. Allí todo está impregnado de espiritualidad.
      Gracias y feliz día.

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