La casa de las ventanas bonitas (y 8)

JAISALMER2

Partes 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 del relato publicadas los días 11, 13, 18 y 27 de Abril ,17 de Mayo, 8 y 22 de junio.

Parte 8

Tras explicar su relación con Hamid a Eda, Ival propuso a ambos analizar las pinturas, para lo cual se las mostraron al traductor, quien, tras una primera comprobación, coincidió con Eda en que ambas eran dos mitades de una sola obra. Al ver la mitad de Ival, comentó que seguramente se podría descifrar gran parte del texto que cubría, pero que tenía que hacer más comprobaciones con el resto del equipo.

Decidieron empezar a trabajar mientras Ival optó por quedar con Munrad para hacer más averiguaciones sobre su bisabuela Radha.

Con Hamid y Eda decidió quedar a la hora del almuerzo.

Munrad le dijo que conocía a alguien que, con seguridad, les daría más información sobre Radha. Le dijo a Ival que, en media hora, pasaría a buscarlo en su coche para ir a ver a esa persona. Y así fue. Se dirigieron a la casa de Jamad. Salieron a la terraza que estaba en la parte trasera y desde la que se veía el parque. Allí había un anciano sentado en una butaca de mimbre. Iba ataviado con una túnica y pantalón de lino de un blanco impoluto y unas babuchas que parecían de piel de camello.

Munrad se acercó y le presento sus respetos. El anciano se levantó y saludó a Ival con las manos juntas, cual rezo, y haciendo una breve inclinación de la cabeza. Ival hizo lo mismo.

Munrad le dijo que era Jammal Indradhanusha, su padre y nieto de Radha.

Tras explicarle el motivo de la visita, Jammal dijo que su madre era Ahisma, la hija mayor de Radha y hermana de Nedha, a la que él no conoció porque, antes de nacer, se fue a vivir a Gran Bretaña.

Comentó que, desde que nació, vivió en la mansión familiar junto con sus abuelos y sus padres, donde lo sigue haciendo en la actualidad con su hijo mayor Jamad. Durante su infancia, residió con ellos un niño llamado Reyah, cuyo origen nunca le fue desvelado.

Manifestó que recordaba las constantes discusiones entre sus abuelos relacionadas con ese niño. Al final, Reyah se marchó y no volvió a saber más de él.

Recordaba Jammal que su abuela realizaba pinturas en miniatura. De hecho, la familia conserva muchas de ellas.

También comentó el anciano que Radha se encargaba de redactar los manuscritos que narraban la historia en el libro donde, desde hacía generaciones, se relataba la historia familiar. Siempre lo llevaba con ella.

De su tía Nedha sabe que contrajo matrimonio con un súbdito británico y que tuvo una hija, Elsa. Nunca tuvo contacto con ninguna de las dos.

Tras despedirse del anciano, decidieron entonces Ival y Munrad investigar en la embajada británica para intentar seguir el rastro de Nedha. Afortunadamente, Nadia, la esposa de Munrad, por su trabajo, conocía a un empleado de esa embajada que, tras una llamada de ella, les atendió esa misma mañana.

Al consultar los archivos, pudieron averiguar que, en el año 1.925, una tal Nedha contrajo matrimonio con Henry Miles, perteneciente a una familia británica que se dedicaba al comercio de té. Ambos abandonaron la India a los pocos días de contraer matrimonio e inscribieron el nacimiento de su hija Elsa.

El único dato que constaba de ellos en la embajada es que partieron los tres con destino a Londres el día 15 de agosto de 1.925.

Al salir de la embajada, Ival comentó a Munrad que conocía a un periodista en Londres. Habían colaborado en algunos trabajos. Le pediría que investigara para seguir el rastro de Nedha.

Como ya era la hora del almuerzo decidieron ir al encuentro de Eda y Hamid. Éstos, durante la comida, les dijeron que seguramente podrían descifrar el texto que cubría la pintura de Ival, pero que les llevaría unos días.

Por la tarde, se encontraron con Jamad, dijo que intentaría averiguar más cosas sobre Reyah.

Pasados unos días y mientras se encontraba trabajando sobre su encargo en Camboya a la espera de los permisos administrativos, Ival recibió una llamada de Jamad. Tenía información sobre Reyah y le proponía encontrarse en el laboratorio con Munrad, Eda y Hamid, a quienes había ya avisado.

Una vez todos allí, les dijo que Reyah, al cumplir la mayoría de edad, se marchó de la casa de los Indradhanusha ayudado por sus abuelos y se trasladó a Udaipur. Se cambió el apellido por el de Imradt y trabajó como chófer para una familia británica. Se casó y tuvo un hijo.

La cara de Hamid palideció de repente, al igual que los ojos de Ival, mientras Eda se tapaba la boca con las dos manos.

Al ver que Jamad no entendía la reacción, Hamid le dijo: “Señor Indradhanusha, no querría equivocarme, pero creo que ese Reyah del que habla era mi padre, que falleció hace cuatro años.” Tras explicar las razones de tal sospecha, propuso que todos tuvieran un encuentro con su madre. Seguro que ella aportaría más datos sobre la vida de su esposo. De hecho, recordó Hamid que su padre casi nunca hablaba de su infancia y las pocas veces que lo hacía, se limitaba a hacerlo con evasivas. Hamid nunca conoció a sus abuelos paternos. Le habían dicho que fallecieron antes de nacer él.

Acordaron entonces ir todos a Udaipur, donde vivía la madre de Hamid, para averiguar más cosas sobre Reyah, Partirían al día siguiente.

Mientras Hamid y Eda se quedaron trabajando en el laboratorio, los demás optaron por retirarse a descansar, puesto que ya era tarde.

Al llegar a su apartamento y comprobar su correo electrónico, Ival vio un mensaje de su amigo de Londres. Al leer su contenido, su sorpresa fue, cuanto menos, igual que la causada por las noticias de esa misma tarde. Tenía que hablar inmediatamente con Hamid y Eda. No podía esperar al día siguiente para contárselo. Seguro que todavía estaban trabajando en la pintura.

Y así era. Tras llamarlos, decidieron esperarlo en el laboratorio. Se dirigió hacia allí. Ambos lo estaban esperando impacientes.

Resulta que Nedha y su esposo Henry residieron en Londres hasta su muerte. En 1945, su hija Elsa se casó con Ramón Guzmán Ottey, hijo de una amiga de la familia de Henry que vivía en España por haber contraído matrimonio con un ciudadano de ese país.

Elsa se trasladó con su esposo a España, donde residió con el padre y la madre de éste en la casa que la familia Ottey le había regalado a su hija al casarse. La vivienda estaba en una pequeña aldea en la que la familia Guzmán vivía desde hacía varias generaciones. Se había construido imitando las famosas havelis de Jaisalmer, puesto que los Ottey y su hija habían residido durante algunos años en esa ciudad por dedicarse al comercio de productos entre la India y el Reino Unido.

Nedha, su esposo, los padres y el único hermano de éste murieron en Londres al incendiarse la casa de la familia en la trágica noche del día 20 de diciembre de 1.946.

Tras escuchar el relato, Hamid informó a Ival de lo que habían conseguido descifrar del texto cubierto por la pintura. Resulta que, además de Elsa, Nedha y Henry habían tenido otro hijo, Reyah, que se quedó en la India como exigencia de las familias de Nedha y Henry para autorizar el matrimonio y marcha de la pareja, dado que éstos todavía eran menores de edad. Los jóvenes se vieron obligados a aceptar el trato. El niño fue adoptado y criado en la India por sus abuelos maternos.

Radha, unos días antes de la partida de su hija, hizo la pintura en miniatura que reflejaba precisamente la escena en la que Nedha y Henry se iban con la pequeña Elsa y Reyah se quedaba con sus abuelos. La figura del hombre que aparecía en la mansión era la de Rachid Indradhanusha sosteniendo a su nieto en brazos. Justo antes de la marcha de Nedha, Radha arrancó la hoja del libro en la que había pintado una mitad de la escena.

Todo ésto lo averiguó el amigo de Ival tras contactar con un antiguo empleado de Nedha y Henry, todavía vivo.

Ival y Hamid comentaban e intentaban asimilar toda la información obtenida y, de repente, Eda se levantó con el rostro pálido de sorpresa y preocupación y dijo que tenía que hacer una llamada.

Se quedaron callados y se miraron preguntándose qué ocurría. Eda fue hacia su despacho y cerró la puerta.

  • “¡Qué sorpresa!. ¿Ocurre algo?. ¿Debe ser tarde en Delhi”. ¿Estás bien Eda?.
  • Sí, estoy bien. No te preocupes.  No ocurre nada.  Solo quería que me explicaras algo sobre tu madre.
  • ¿Sobre Julia?. ¿Y eso?. ¿A qué viene eso ahora?. Sabes muchas cosas de ella. No veo que pueda decirte ahora que ya no sepas.
  • No. Me refiero a Elsa.
  • ¿Elsa?. Bueno, ya sabes que es mi madre, pero que quien me crio fue Julia, la segunda esposa de tu abuelo Ramón. No sé mucho de ella. Solo lo que él me explicó. Murió al nacer yo. Me dijo que era una persona dulce y serena, de esas que desprenden paz y sosiego. Su familia era británica, pero nunca conocí a ninguno de sus miembros porque los parientes directos de Elsa, sus padres y su único tío, murieron al incendiarse su casa antes de venir yo al mundo. No sé mucho de ella. Tu abuelo me dijo que su padre era inglés y su madre de la India. Vivían en Londres. Elsa y tu abuelo se casaron muy jóvenes y se trasladaron a vivir a una casa que la familia de tu abuelo tenía en una pequeña aldea.  Tras la muerte de Elsa, tu abuelo se trasladó a vivir a la ciudad. Tengo entendido que vendió la casa tras fallecer sus padres allá por los años 60. Creo que tengo algunos documentos de tu abuelo donde aparece Elsa. Si quieres, los busco a ver si  encuentro más información.
  • Tú naciste en el año 1.950. ¿No es cierto?.
  • Así es. Pero, hija. ¿Puedes decirme a qué viene ésto ahora?. Me estás preocupando.
  • No pasa nada, de verdad, solo quería saber algo más de Elsa. Te agradecería que miraras si encuentras alguno de esos documentos. Si te parece, te llamo en uno o dos días. 

Por cierto, explícame cómo estás ………”

Eda volvió al laboratorio donde Ival y Hamid recibieron con cara de no entender nada. Entonces les dijo que sospechaba, es más, que casi podía afirmar que Elsa, la hija de Nedha, era su abuela materna.

Los dos se quedaron mudos. No sabían que decir, así que fue Eda quien se avanzó a sus preguntas y les explicó como había llegado a tal sorprendente conclusión.

Eran prácticamente las dos de la mañana y, a pesar de que todo lo acontecido les había quitado el sueño, estaban agotados y, al día siguiente, tenían que viajar a Udaipur con Jamad y Munrad. Era un viaje largo y pesado, por lo que decidieron retirarse a descansar.

Antes de irse, Ival les dijo: “Ha sido un día increíble para todos. Inesperado, como el arco iris, como la misma vida. Inesperado”.

Al día siguiente, partieron con Munrad y Jamad hacia Udaipur, donde, a última hora de la tarde, se encontraron con la madre de Hamid. Ésta les explicó que, cuando conoció a su esposo Reyah, ya trabajaba como chófer de una familia británica asentada en Udaipur. Al cabo de un tiempo se casaron y nació Hamid. Aunque al principio no hablaba nunca de su familia, un día Reyah le confesó a su esposa que lo habían criado sus abuelos, pertenecientes a una influyente familia del país, pero que, por  diferentes desavenencias, se marchó de casa y no volvió a tener relación con ellos. Supo la madre de Hamid que fueron Rachid y Radha quienes facilitaron el trabajo a Reyah y que intermediaron y velaron siempre por él y los suyos. Supo que la familia para la que éste siempre trabajó tenía amistad con sus abuelos y que fueron ellos quienes pagaron los estudios de Hamid en la parte que no cubrían sus becas. También impulsaron que éste se interesara y aprendiera la técnica de las pinturas en miniatura. De hecho, fueron sus mecenas en secreto.

También se enteró de que la madre de Reyah era Nedha, la hija pequeña de Rachid y Radha, que tras casarse muy joven, se trasladó a vivir a Londres. Nedha tuvo otra hija, Elsa.

Todo eso lo supo la madre de Hamid por habérselo explicado la familia para la que siempre trabajó Reyah. Habló con ellos después de haberle explicado su hijo todo lo que había descubierto sobre su padre. Le dijeron que Rachid y Radha nunca quisieron que Reyah supiera nada de lo que estaban haciendo por él y por su familia.

Jamad la interrumpió unos segundos para ratificar ese hecho. Dijo que, en la colección de la familia, había diversas obras de Hamid. De hecho, fue por eso, además de por sus conocimientos en la materia, por lo que le contrataron para trabajar sobre las pinturas que hasta allí los habían llevado.

El relato no hizo más que corroborar lo que todos ya habían deducido: Nedha y Henry tuvieron dos hijos: Reyah y Elsa, el padre de Hamid y la abuela de Eda.

Dado que era ya tarde, decidieron retirarse a descansar y así intentar asimilar toda la información. Se instalaron en un hotel de la ciudad. Hamid se quedó en la casa de su madre.

Ival se sentó en la terraza de la habitación. Aunque estaba cansado, no tenía sueño. Decidió hacer un dibujo para Eda.

Después de tomar una ducha, Eda llamó a su madre para saber si había averiguado algo más de Elsa. Le dijo que lo único que había encontrado era una foto de ella y su abuelo, el libro de familia de ambos en el que aparecía inscrita Teresa como única hija, algunos documentos irrelevantes y algunas cartas de Nedha, su madre. En la última de ellas, ésta le hablaba a Elsa de su infancia en la India y de sus padres, Radha y Rachid. También decía adjuntarle una pintura hecha por Radha y que ésta le regaló antes de partir hacia Londres. Le decía también que tenía planeado viajar a España para verla en dos meses y que le tenía que explicar algo importante relacionado con su familia. La carta estaba fechada el día 20 de Noviembre de 1.946, un mes antes de la muerte de Nedha.

Al día siguiente, cuando se reunieron con Munrad y Jamad, les explicaron todo lo que habían averiguado en las últimas horas y éstos decidieron informar a su familia de todo. Se encontrarían por la noche.

Durante la cena, Munrad y Jamad les anunciaron que su familia había decidido preparar un encuentro con Hamid, Eda, sus madres e Ival. Se celebraría en la haveli que la familia posee en Jaisalmer, Lo había propuesto Jammal, su padre. Todos aceptaron la invitación.

Llegaron a Jaisalmer al mediodía. Hacía un tiempo extraño, poco habitual y muchísimo calor. Les dijeron que seguramente era el monzón y que podía llover por la noche. Los recibieron todos los miembros de la familia Indradhanusha, los hermanos y hermanas de Munrad y Jamad con sus respectivos cónyuges e hijos, su padre y los hermanos de éste con sus esposas y respectivos hijos. La madre de Hamid viajó con ellos. También estaba allí Teresa, que había viajado desde España y Nadia, la esposa de Munrad.

Tras las oportunas presentaciones, se trasladaron a sus habitaciones hasta la hora de la cena que había organizado la familia y a la que asistirían todos. Eda se quedó un rato hablando con su madre, quien le entregó todo lo que había encontrado de Elsa.

Eda leyó las cartas de Nedha. Le conmovió especialmente la última, donde le hablaba a Elsa de su madre, Radha y de la afición de ésta por las pinturas en miniatura. De hecho, decía adjuntarle una que ella le había regalado antes de partir de la India. Luego, contempló la foto de Elsa y su abuelo. Ella tenía un rostro dulce y tranquilo. De su abuelo, su madre le había explicado que fue una persona honesta y alegre, igual que Julia, su segunda esposa, que crio a Teresa como si fuera su madre.

La cena transcurrió con normalidad y, después,  se trasladaron todos los asistentes al jardín de la casa donde Jamad y sus hermanos regalaron a Ival la pintura en miniatura restaurada e unida a su otra mitad. Ival agradeció el presente y prometió cuidarlo como su más preciado bien.

Él les obsequió con una antigua talla de madera realizada por una tribu de Filipinas. Era un pequeño cuenco cuya asa era el torso de una persona abrazando el recipiente. Siempre le había tenido un cariño especial a esa pieza porque la adquirió en uno de sus primeros viajes hacía muchos años. Los Indradhanusha aceptaron el regalo agradecidos.

Después, Jamad y Munrad presentaron a Hamid como el nieto y a Eda como la bisnieta de su tía Nedha.

Jammal llamó a Hamid y a Eda y les pidió que fueran con él a un lugar más privado. Entraron en uno de los salones de la casa, donde el anciano les entregó una caja. La abrieron. Contenía una fotografía de Rachid y Radha y una pintura en miniatura de un árbol con las iniciales “R” y “E”. Jammal les dijo que la había hecho Radha. Tras todo lo averiguado, suponía que eran las iniciales de Reyah y Eda, sus nietos, dado que la pintura databa de la época en la que éstos nacieron. El árbol era símbolo de larga vida y salud. Ambos agradecieron profundamente el presente. Eda contempló la fotografía y vio el rostro de Radha. Tenía la misma serenidad que el de  Elsa.

Hamid entregó a Jammal una pintura en miniatura. “Es una de las primeras que hice. Representa el templo Jagdish de Udaipur, donde solía acudir de pequeño a rezar y hacer ofrendas. Me gustaría que la tuvieras. A mi padre le encantaba.”, le dijo y le manifestó su agradecimiento por todo lo que su familia había hecho por él.

Eda, a su vez, dio a Jammal la fotografía de Elsa y su abuelo y las cartas de Nedha.

De repente, oyeron un bullicio y, al salir de la habitación, vieron a los invitados refugiarse en el interior de la casa. Estaba lloviendo a cántaros.

Cuando, pasado un buen rato, amainó, todos decidieron salir a la terraza para ver salir el Sol, puesto que ya estaba amaneciendo. De repente, apareció en el cielo un arco iris.

Ival le dio a Eda su dibujo. Al verlo, ella le escribió algo en una hoja de papel de arroz. Él lo leyó.

En Jaisalmer, la ciudad del color de la arena, de palacios y de saris, de turbantes y babuchas, donde las casas tienen las ventanas bonitas.

Nota. Las pinturas en miniatura de la India (Mughal):

La pintura Mughal es un estilo particular de pintura del sur de Asia, por lo general limitada a las miniaturas ya sea como ilustraciones de libros o formando parte de  álbumes, que nació de la pintura en miniatura persa, con influencia Hinduismo, del Jainismo y del Budismo, y se desarrolló en gran parte durante el reinado Imperio Mogol (siglos XVI a XIX). Más tarde se extendió a otros reinos de la India, tanto musulmanes como hindúes, y más tarde a los Sikh. 

Este tipo de pintura se desarrolló como una mezcla de los estilos persas e indios. Ya existía una tradición musulmana de la pintura en miniatura bajo el sultanato de Delhi, que los mogoles derrocaron. 

Aunque los primeros manuscritos encontrados son de Mandu, cerca del año 1500, muy probablemente existieron pinturas anteriores que, o bien se han perdido, o probablemente han sido atribuidas al sur de Persia, dado que algunos manuscritos encontrados han sido difíciles de distinguir de éstos y algunos siguen siendo objeto de debate entre los especialistas.

La pintura Mughal tiene dos elementos que son ilustraciones manuscritas con elementos persas y retratos de álbumes. 

Esta técnica de pintura en miniatura todavía se utiliza hoy por algunos artistas en el Rajasthan. Aunque muchas de estas miniaturas son copias de los originales, algunos artistas han producido obras modernas que utilizan métodos clásicos. 

Estos son algunos de los artistas que realizan este tipo de pinturas: Rafi Uddin, Kaluram Panchal, Ram Gopal Vijayvargiya, Ved Pal Sharma, Kailash Raj, Tilak Gitai, Gopal Kamawat, Mohammed Usman, Raja Babu Sharma y Mohammed Luqman, Kishan Malí Sharma y la familia Joshi.

Información obtenida de wikipedia.  http://en.wikipedia.org/wiki/Mughal_painting.

Otros enlaces:

http://artilogio.com/pintura-india-miniatura—historia-y-t%C3%A9cnicas_6ae46.html

http://www.indiapicks.com/Indianart/Main/MP_Mughal.htm

http://mughalminiatures.blogspot.com.es/

http://centrodeartigos.com/articulos-utiles/article_107055.html

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4 respuestas a La casa de las ventanas bonitas (y 8)

  1. plumayluz dijo:

    …Me he preguntado más de una vez qué había sido de estos chicos, dónde estarían, qué tipo de aventuras habrían tenido… Por lo que veo hoy, cada vez se les enreda más su historia, cada vez hay más personajes mezclados y con cosas en común sin que ellos lo hubieran ni siquiera imaginado. Esto se pone cada vez más inquietante, cuando crees que llega el desenlace resulta que se complica aún más… Ya no me atrevo a imaginar qué les puede ocurrir después de esto y eso, créeme, es bueno…
    ¡Enhorabuena! sigue siendo una trama muy interesante y llena de sorpresa.

    Un abrazo

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