De todo eso

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Y poder hablar de todo hablando de nada o de las nadas (esos vacíos) o de los todos (eso que llena los vacíos), de la realidad y de los sueños cumplidos o por cumplir, de las bobadas y de las genialidades, de la raíz de lo que nos descuadra, de la literatura de un campo de azucenas y de las matemáticas de la narración, de la tristeza y la majestuosidad de esta Tierra que llamamos mundo, del soliloquio de un atardecer escuchando al horizonte, de las ramas de los sentimientos, de las puertas a lo desconocido, de esas metáforas estremecedoras, del día en que te montaste en ese columpio cuando nadie te veía, de esas caídas estampándote de experiencia y esos días de girasol, de lo que harías o desharías, de una bandeja de comprensión que te comió a besos, de la certeza de lo incierto, de los brindis, de la peleas, de las tardes de infancia, de los derrames de amapolas viendo felicidad, de aquellos ojos color miel, de lo absurdo que es serlo, de contemplar la vía láctea en las flores, de volar entre las sábanas del tiempo, de la juventud de la vejez, de los cestos de mimbre entre viñedos, de lo apolíticamente incorrecto, de las primeras veces, del color de las frutas, de hacer planes para improvisar, de un céfiro anhelo, de las meriendas de pan con vino y azúcar, de las marmitas llenas de zumo de historias, de las citas, de esas miradas que pintarías con la voz, de las manchas de tinta en las manos y en los pensamientos, de la hermosura de los almendros, de contar gotas de lluvia bajo los árboles de agosto, de la magia, sabor, placer y dolor de los nacimientos y las muertes, de las orquídeas que se te plantaron en el corazón, de lo ayurveda de un baño de espuma en compañía, de los juncos movidos por la brisa, de la adrenalina de gritar lo que sientes, del primer amor, de relax de las noches de pandilla, de Tiziano, de aquellas calles en procesión, del primer vestido que te desvistieron, del bisturí de cada discusión o reconciliación, de la marca de los desengaños, de los abrazos sin tensión, de los consuelos o desconsuelos, de las noches de sándalo, de los guiños de la libertad, de los infiernos que queman el pecho, del detergente de una inspiración, de los orgasmos improvisados, de una mecedora en las noches de insomnio, de las veces en que caímos rendidos, de los tirones de orejas y de ojeras, de las dudas, de pies descalzos entre bazares y galerías de esperanza, de las cosquillas del corazón en las vigilias, de la interpretación y de la intersección, del beso y del fugaz paso de la adolescencia, de los muros, de los lazos y de la emoción, de cosas tristes, de cosas bonitas, de la alegría, de los adentros de la piel, de un presagio, de nadar, de la maestría de cada día, de leer en el tren, de lo que vemos al mirar por la ventana, de tus sinónimos y tus contrarios, de los instantes de ensoñación, del agua, del suelo, de los desiertos y de las alas de cada evocación, de las grullas, de los tamarindos y del delirio de una canción, de los lloros con una película, de las gaviotas a primera hora de la mañana, de las bocanadas del entusiasmo, de imaginar, de correr tras un avión, del caribe, de la jungla, de Bagan y de cualquier otro sitio, de la explanada de cada relación, de una madrugada entre rododendros, de abrazarte a una exclamación, de un nido, una maleta y de cada sobresalto, de mil vidas, de una plaza y una estación, de las camas, los lechos y las cocinas de nuestras mentes, del blues de las salas de los hospitales y el jazz de los momentos de ron, de los balcones de los que nos tiramos, de nuestros encierros y salidas, de aquella vez, de reírnos, de cada locura cometida y pensada, de los océanos y el mar, de mandar cartas, de desobedecer, de sucumbir a las tentaciones, de la soledad, de leernos los cerebros con la expresión, de correr entre los campos, de escalar esas cordilleras de proyectos, de pasarnos de estación, de días y momentos de terrazas y bares, de los guiños al destino, de mirar sin gafas al Sol, de bodas, comuniones, bautizos y funerales, de prestarnos la intención, de horas al teléfono, de sentadas en los bancos, de muñecas, cuadernos y álbumes de fotos, de viajes en una habitación, de baúles, de recuerdos y futuros, de banderas sin condición, de lugares sin fronteras, de ser libres, presos o confesos, suicidas o cobardes, de curas sin religión, de cada rostro, de cada palabra, de cada pensamiento, de cada expresión … De todo eso.

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