Alex

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Hay días que son ruedas.
Hay días que son tinta indeleble en las manos de un asceta.
Hay días que son suaves como una acuarela.
Hay días que son pesados como los sacos de los estibadores de las derrotas.
Hay días que son frenos de mano, que son lluvia de barro en los pies.
Hay días que son turbinas y combustible de un mecanismo efervescente de euforia.
Hay días que son un diapasón de sincronías.
Hay días que te descoordinan los movimientos subordinados a un reloj.
Hay días sin tiempo para morir y jornadas instantáneas en que se concentra la espontaneidad.
Hay días intransigentes sin clima y otros con todos los anticiclones de un tirabuzón.
Hay días borrachos de abstemia que te contaminan la sangre de hastío y desazón.
Hay días que te intuyen y culminan de vocación las ganas.
Hay días enfermos de vivir y otros que te infectan de apatía.
Hay días valientes que salen a velar por los pensamientos emocionantes y las ideas descabelladas.
Hay días emperadores de epopeyas.
Hay días sinónimos de una retirada de bruces por los pasillos.
Hay jornadas agotadoras sin trabajo en las venas.
Hay días repletos de labor que te cansan de alegría la razón del corazón.
Hay días estúpidos por no saber tropezar.
Hay días estridentes de esa sabiduría incontestable de una temeridad acompasada de “ir”.
Hay días filibusteros abordando proyectos.
Hay días que te enarbolan las ansias como un acordeón.
Hay días que encofran muros de resistencia.
Hay días que son milagros de fascinación.
Hay días tortuga, días hormiga, días coraza y días ocasión.
Hay días fideicomisarios del futuro y jornadas que te encomiendan a los dioses de la desesperación.
Hay días de todo eso y más y también menos, pero no hay ninguno de esos días en los que no agradezca haberlo podido vivir, porque de eso se trata la existencia, de todos esos días, de todas esas experiencias, de disfrutar, de sufrir y, sobretodo, de no dejarte morir

* Este texto lo escribí hoy, tras hablar con Alex, a quien conozco desde que era un chaval. Ahora tiene treinta y cuatro años y dos niñas preciosas a las que adora. Hace tiempo que le diagnosticaron una enfermedad degenerativa que acabará por impedirle moverse. De hecho, apenas puede hacerlo ya. Ha tenido que dejar su trabajo y hace ya tiempo que no puede ir a patinar con sus hijas, ni conducir su moto, ni jugar al baloncesto (su deporte favorito), ni muchas otras cosas. Pero, aún así, sonríe con esa amabilidad innata de todo lo generoso y es una de las personas más buenas y dulces que conozco. Cada vez que lo veo y hablamos, me da una lección de humanidad y superación. Y es por él y por todas las personas como él por lo que cada día intento agradecer cada día, sea como sea: triste, alegre o regular, porque vivir, como dice Alex, es un regalo. Vivir siempre es un regalo.

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6 respuestas a Alex

  1. Precioso. Hay personas que con su existencia nos dan una lección de vida

  2. prosiland dijo:

    Mucha sensibilidad al escribirlo. Me ha gustado mucho.

  3. Irene DeWitt dijo:

    Qué verdad más grande: vivir es siempre un regalo. Muchas gracias por recordárnoslo a quienes, como a mí, se nos olvida (en el fondo, todo obstáculo es una nimiedad), y por hacerlo de una forma tan bella. Un abrazo luxnivoliano!

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