Planes

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Podríamos pasar unos cuantos momentos absorviendo el aura arrebatadora de una complicidad o acurrucarnos entre los secretos de un discreto rincón nocturno.
Podríamos contemplar la miscelánea de un libro, de un cuadro o una persona o gritarle a la vida que, a veces, es tan bonita como una sinfonía o como una oda.
Podríamos ponerle una escena de Fellini a los arrabales de las tardes intrascendentes o alunizar en los brazos desnudos de una escultura.
Podríamos filosofar sobre el mecanismo de las mariposas o tomarnos una cerveza en medio de una jungla de intensidades.
Podríamos compartir una Moleskine, una mesa en el café de la opera o un banco junto al mar.
Podríamos interpretar el lenguaje de las golondrinas o sofocar las mejillas de los Dioses en un confesionario improvisado de plenitud.
Podríamos crear un lenguaje para los versos y una poesía para los besos o reirnos de lo que es divertido para apartar las tristezas.
Podríamos descubrir y visitar todas las ciudades de papel o flotar en la ingravidez de la imaginación justo antes de transformarse en obra.
Podríamos quedar para cenar entre imágenes conmovedoras o perder la cabeza cerrando el paraguas y sin casco, por si llueve.
Podríamos discurrir sobre lo inútil de elucubrar o sentarnos en el columpio de las cosas divertidas y dejar de pensar.
Podríamos abolir la pena de muerte y todas las penas o comernos los días a besos y, de postre, andar a tientas por todos los lugares de la confianza.
Podríamos convertirnos en exploradores decimonónicos y viajar a los interiores de los relatos de Verne o recitar conjuros blancos para provocar la resurección de las costumbres encantadoras.
Podriamos quitarle la pereza al desencanto y ser hogar para quien lo necesite o ir a pescar a la orilla de la tinta con cañas, hilos y carretes de letras.
Podríamos regalarnos o hacer una ofrenda a los chamanes de lo que quisiéramos.
Podríamos coger de la mano los obstáculos y llevarlos a dar una vuelta de tuerca o interrumpir las preocupaciones con dosis de improvisación.
Podríamos escalar los pétalos de una clavícula con la mirada o contagiarnos de la literatura de un campo de azucenas.
Podríamos darnos por vencidos ante el tono almibarado de un paisaje y rodear de caricias las argumentaciones insostenibles.
Podríamos ayudar a Sisifo y llevarlo hasta la cumbre para dejarnos caer en cada locura o ponerle más a todos esos énfasis de vocación.
Podríamos pasar el día sin pasar el tiempo o adquirirnos sin dinero dándonos intensivamente valor.
Podríamos escribir un diario y borrar un telediario o hacer origami con el papel que deberíamos hacer transformándolo en una parajita de deseos.
Podríamos salir … salir de nosotros y entrar en los demás, en el mundo, para hacer y sentir todo lo que nos hace y hace vivir.

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