Todo eso … La Radio

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Siempre he creído que es un estadio intermedio, un híbrido, una mezcla perfecta entre la literatura, el cine y la televisión. Es la banda sonora de la vida cotidiana, el relato que se narra de una forma casi íntima al oído.
Cuando escuchas la radio, ocurre como al leer un libro: Alguien a quien no ves te habla o te explica una historia, una noticia o unos sentimientos en los que intervienen personas, hechos o personajes y tienes la impresión de ser su confidente, de que comparte contigo su intimidad. Tiene esa magia de lo conocido pero, al mismo tiempo, desconocido, de lo real pero, en cierto modo, imaginable, de lo extraño pero, a la vez, propio.
Al igual que ocurre entre escritor y lector, entre oyente y locutor se produce una especie de comunicación entrañable y casi cómplice. Ambos, sin conocerse, se conocen y, sin verse, se entienden y conectan.
Hace unos días, oía el testimonio de un locutor donde explicaba que un oyente le confesó que tuvo un accidente de tráfico y que, justo en el momento posterior, tuvo concencia de que no había muerto porque oyó su voz en la radio del coche.
En ese mismo programa y en directo, llamó una persona. Emocionada, le dijo que, a consecuencia de unas palabras suyas, decidió iniciar un tratamiento contra su enfermedad cuando casi se había dado por vencida. Ahora, gracias a ese tratamiento, se estaba curando.
Esa especial sensibilidad y relación creo que es frecuente entre el oyente y quien transmite en la radio. Hay miles de ejemplos de ella. Puedes despertarte, trabajar, conducir, bailar, relajarte, llorar, caminar, descansar … ser, estar y sentir con ella. Para muchas personas, se convierte en una compañía amiga que forma parte de su día a día.
No sabría como explicarlo. Es como un vínculo que circula por las ondas y que llega a cada destinatario de una forma distinta porque precisamente depende de como éste la perciba o se encuentre en ese momento, pero que también sirve, en muchas ocasiones, para conectar a los oyentes entre sí, a la vez de consigo mismos y con quien está al otro lado del micrófono.
¿Quién no se ha dormido con un programa nocturno escuchando una voz, una historia o una sintonía suave y tranquilizadora?.
¿Quién no se ha emocionado con la retransmisión de un acontecimiento o efeméride?.
¿Quién no ha participado sobre actualidad discutiendo o argumentando desde el coche, desde la cocina, desde el taller o desde la oficina como si fuera uno más de los invitados en las tertulias de los programas matutinos?.
¿Quién no se ha solidarizado con esas llamadas y experiencias compartidas a través de las ondas?.
¿Quién no ha dejado de respirar ante un directo de esos de corazón?.
Muchas veces, cuando escuchas la radio, te adentras en el universo de las historias que te cuentan o narran, las vives casi como tuyas, imaginas como son los lugares, los protagonistas … Es como intervenir en la realidad o ficción que te transmiten eligiendo el decorado, el vestuario, los actores. Es también ver como mira quien te describe, quien te narra.
A la radio, la dejas entrar en casa, en tu intimidad. Forma parte de lo que te rodea y acompaña.
Creo que podría definirla como el medio de comunicación más intimista, más cercano. Es como un libro con voz, como un amigo invisible, como un regazo que te llena de historias y emociones … Todo eso. La radio.

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