Con el sentido del sentimiento

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Intentamos circular sin frenos por esas avenidas interminables de la existencia y nos ahogamos en las rampas por pretender llegar antes no se sabe dónde ni para qué.
Vemos a lo lejos el destino. Ahí, a lo lejos.
La bruma nos cala en vez de limpiarnos el polvo de la ansiedad o el miedo.
Caemos en la trampa de no contemplar las señales que dan paso a una salida, como un ciego que no oye ni puede tocar.
Y, entonces, una mirada fija y extraviada, de unos ojos llamándote a gritos en un susurro bajo el pecho, te dice: “Ven, vuelve. Soy tu niña interior. Me dejaste aquí sola, dentro.”
La has oído y la ves. Eres tú, junto a todo lo que te forma, confirma y conforma. Te olvidaste un día de ti y no sabes el motivo. Entonces, te ves, para bien o para mal, pero te ves. Y te das cuenta de que crecen margaritas en el asfalto, abrazos en el alma y calles en el corazón.
Y escuchas de nuevo el mar, la ciudad y el bosque, el día abriéndose, una puerta, el azar, el sentido de las cosas y la vida, las palabras de la razón y la emoción, las nubes y el Sol, las entrañas de lo que harías, el ruido y el silencio de los pasos y de las paradas, lo inexplicable de los porqués y comprendes que el sentido, el significado, es el sentimiento.
E intentas salir y también entrar en ti mismo y en el mundo. Renaces o lo intentas. Vives o lo intentas. Sobrevives o lo intentas. Con todo el sentido, con todo el sentimiento.

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Mujer

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Se guía o guiada, pero no te sometas a ningún guión.
Sé ama, de casa, de llaves, de cría y, sobretodo, de ti.
Sé volcán o agua. Nada, pero nunca seas nada ni nadie.
Sé beso, deja que te besen y bésate siempre.
Sé madre, padre, niña, hermana, abuela, tía (buena o no) o nada de eso, si tú quieres.
Sé maruja, piloto, científica, camarera, compañera, atleta, ascensorista, matemática, portera, hortera, sofisticada, apocada, atrevida, vaga o trabajadora. Lo que te guste.
Sé virgen, diablo, furia, consuelo, terremoto, calma o colma, o todo junto, si lo deseas.
Sé fuerte siendo frágil o dura, salada o dulce, crítica o cínica. Conserva, gasta o malgasta, pero nunca te desgastes del todo.
Sé máquina, orgánica, dinámica o estática, mística, lírica, insípida o lúdica, pero siempre única.
Sé timón, perdición, contención, pasión, comprensión, expresión o invocación. Y permanentemente corazón.
Sé regla, desorden, ordenación, deducción o intuición. Y, siempre que puedas, solución.
Se veleta, ancla, muelle, espiral, calidez o meta, pero nunca te hundas.
Sé ficha, partida, comparte, reparte y, de ti, dona la mejor parte, a los demás y a ti misma.
Sé sutil, fútil, errátil, fácil, difícil, inconsútil, volátil o versátil, pero nunca dejes de ser y serte útil.
Sé guapa, siempre, para ti.
Sé libre, libro, liebre y libra, lazo y regazo.
Sé mujer. Sé …. mujer.

* Voy a ver si me lo aplico a mí misma … Ahora vuelvo.

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Esperanza

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He olvidado la llave.
Está abierto … No te preocupes.
¿Recuerdas cuando queríamos cambiar el mundo?.
Se puede … No te preocupes.
Me he perdido.
No te preocupes … Tengo un mapa.
Afganistan, Siria, Sudán.
Gandhi, Mandela, Lennon … No te preocupes.
No traje el abrigo.
El frío se acaba … No te preocupes.
Llego tarde.
No te preocupes … No hay prisa.
Un accidente.
Es una casualidad … No te preocupes.
¿Tú crees?
No es cuestión de religión … No te preocupes.
No hay salida.
No te preocupes … Está dentro.
Es difícil.
Solo es menos fácil … No te preocupes.
No lo veo.
Está justo a tu lado … No te preocupes.
Ha llovido.
No te preocupes … Es el rocío.

No me preocupo cuando me ocupas … Esperanza.

* Imagen extraída de internet.

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Alex

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Hay días que son ruedas.
Hay días que son tinta indeleble en las manos de un asceta.
Hay días que son suaves como una acuarela.
Hay días que son pesados como los sacos de los estibadores de las derrotas.
Hay días que son frenos de mano, que son lluvia de barro en los pies.
Hay días que son turbinas y combustible de un mecanismo efervescente de euforia.
Hay días que son un diapasón de sincronías.
Hay días que te descoordinan los movimientos subordinados a un reloj.
Hay días sin tiempo para morir y jornadas instantáneas en que se concentra la espontaneidad.
Hay días intransigentes sin clima y otros con todos los anticiclones de un tirabuzón.
Hay días borrachos de abstemia que te contaminan la sangre de hastío y desazón.
Hay días que te intuyen y culminan de vocación las ganas.
Hay días enfermos de vivir y otros que te infectan de apatía.
Hay días valientes que salen a velar por los pensamientos emocionantes y las ideas descabelladas.
Hay días emperadores de epopeyas.
Hay días sinónimos de una retirada de bruces por los pasillos.
Hay jornadas agotadoras sin trabajo en las venas.
Hay días repletos de labor que te cansan de alegría la razón del corazón.
Hay días estúpidos por no saber tropezar.
Hay días estridentes de esa sabiduría incontestable de una temeridad acompasada de “ir”.
Hay días filibusteros abordando proyectos.
Hay días que te enarbolan las ansias como un acordeón.
Hay días que encofran muros de resistencia.
Hay días que son milagros de fascinación.
Hay días tortuga, días hormiga, días coraza y días ocasión.
Hay días fideicomisarios del futuro y jornadas que te encomiendan a los dioses de la desesperación.
Hay días de todo eso y más y también menos, pero no hay ninguno de esos días en los que no agradezca haberlo podido vivir, porque de eso se trata la existencia, de todos esos días, de todas esas experiencias, de disfrutar, de sufrir y, sobretodo, de no dejarte morir

* Este texto lo escribí hoy, tras hablar con Alex, a quien conozco desde que era un chaval. Ahora tiene treinta y cuatro años y dos niñas preciosas a las que adora. Hace tiempo que le diagnosticaron una enfermedad degenerativa que acabará por impedirle moverse. De hecho, apenas puede hacerlo ya. Ha tenido que dejar su trabajo y hace ya tiempo que no puede ir a patinar con sus hijas, ni conducir su moto, ni jugar al baloncesto (su deporte favorito), ni muchas otras cosas. Pero, aún así, sonríe con esa amabilidad innata de todo lo generoso y es una de las personas más buenas y dulces que conozco. Cada vez que lo veo y hablamos, me da una lección de humanidad y superación. Y es por él y por todas las personas como él por lo que cada día intento agradecer cada día, sea como sea: triste, alegre o regular, porque vivir, como dice Alex, es un regalo. Vivir siempre es un regalo.

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Es … Todo eso

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Es … como un prado, como el remanso de un río, como el refugio del sueño.
Es … como el instante que precede los momentos.
Es … como el optimismo y la belleza de la flor de almendro.
Es … como el antídoto de la impaciencia, la cura de los remedios, el oxígeno de la anestesia.
Es … como nadar en un agua cálida, como planear un destino, como volar con una historia.
Es … como la primera página de un libro, como la primera mirada a un cuadro, como aprender una nueva palabra.
Es … como ver nacer.
Es … como la compañía en una isla, como un párrafo de canciones, como una celebración sin fiesta.
Es … como una vela en una iglesia, un ideal en un Parlamento, un árbol en un desierto.
Es … como la suerte de conseguir, como acoger, como un día soleado de abril.
Es … como abrir un regalo, como hablar con el mar, como una noche de fin de año sin fin de año.
Es … como un abrazo de vida, como hacer volar una cometa, como parar los motores para navegar a vela, como expresar un sentimiento.
Es … como recibir una buena noticia, como dibujar mientras hablas por teléfono, como un postre inesperado, como correr por una playa.
Es … como ver disfrutar disfrutando, como saltar una valla, como desnudarte de ti contigo, como beberte el día.
Es … como el coral, como una ninfa, como un ave mirando al cielo, como imaginar un poema, como el entusiasmo.
Es … como perder y prender el tiempo, como dejarte caer, como contar un secreto, como confiar, como hablar escribiendo.
Es … Todo eso es … respirar.

 

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Personas, lugares, adentros

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En algún lugar, se cruzan dos vidas. Serendipia.
Un animal salvaje se detiene en medio de la jungla y te observa un segundo. Magia.
Una flor de lis nace en un jardín de Louisiana. Belleza.
Una joven llora de alegría en Xanadú. Y brilla.
Un científico acaba de descubrir un remedio. Poesía.
Alguien en su primera vez.
Un sacerdote se ruboriza en un confesionario. Hay Dios. ¡Ay Dios!. Y siente.
Alguien acaba de salir de un quirófano. Todo ha ido bien y el mundo es un poco más justo.
Tres amigos se encuentran y todo es más suave.
La esperanza anidando en una vacante de un ministerio.
Llueve en algún lugar y cierran sus paraguas. Se van las nubes. Amar, amor.
Han puesto tomillo en la puerta de una iglesia. Creer.
En algún hogar han decidido apagar el televisor y contemplar las estrellas. Y el tiempo se transforma en momentos.
Dos jóvenes descubren el amor haciendo novillos en un instituto.
En un abrazo, una calidez derrite el corazón.
Un periódico y un libro junto al parque. Y el Sol.
Los árboles deshojándose para arropar el suelo y la tierra recoge sus colores. Alfombras y esculturas formando cuadros de otoño. Naturaleza.
Hay primaveras en una habitación. Caricias.
El horizonte contempla el futuro de unos ojos soñadores.
Un estadista se despreocupa del I.P.C. Vida.
Un náufrago se salvará dejando de ser isla.
Un escritor escribe su primer libro en una pequeña ciudad.
Un vinilo rueda haciendo sonar un mundo. Música.
En un estudio, nace una idea invencible. Paz.
Un policía se detiene y le habla. Humanidad.
Él la señala en la página de un libro. Ella lo oye. Lazos.
El cuenta-quilómetros de un coche decide dejar de contar porque no hay distancias, ni siquiera las físicas. Voluntad.
Soldados ayudan a un refugiado y ganan la batalla y todas las guerras.
En un estadio, el portero y el jugador se miran antes de lanzarse un penalti diciéndose “¿me perdonarás?”. Sí, siempre.
Una gota de rocío cae y se desliza lentamente sobre una baranda. Río de alba.
La oscuridad de un portal se ilumina de besos. Ternura.
En una estación nace un verano. Encuentro.
Una manta cubre del frío unos cuerpos junto al fuego en una cabaña.
Dos personas se ven y se hablan por dentro.

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¿Lo prometes?

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No perder el mar, el río, las montañas ni la tierra.
Encantarnos.
Que siempre habrá mapas y libros de papel.
Parar máquinas para contemplar el firmamento.
Seguir enseñando a aprender. A aprehender.
Que, si me olvido de creer, me quemarás en tu calidez.
Avalanchar de altas los hospitales.
Escuchar la quietud del día mientras nace.
Que nos llamarás la intención a esa hora en que luz y tiempo son líquidos.
Una góndola por los canales de los versos en las noches valientes.
La ternura en los brazos, en los abrazos.
Que siempre te escucharás.
Curar de dolor el amor.
Un concierto desconcertante de sensaciones.
Seguir sorprendiendo.
La música.
Pintar todos los ojos para poder quitar todas las sombras.
Que siempre habrá magia en las témperas de los parvularios.
Recorrernos las venas.
El primer suspiro de los días tímidos.
Que siempre habrá un remanso que alivie los desencantos.
Empaparnos del estremecimiento de unos ojos bohemios.
Que te quedarás.
Empujarnos hacia ti.
Un pincel lleno de dedos y los bolsillos llenos de inquietud.
La inocencia.
Ninguna muerte en los intentos.
Unas manos tranquilas.
Salas de espera vacías y corazones llenos.
Que me perdonarás los errores y los horrores.
Que las aulas siempre estarán abiertas y llenas de filosofía.
Dejarte llevar.
Marco Polo en todas las investigaciones.
Que siempre habrá maestros y alumnos.
El arte.
Esos días bajo la luna y esas noches soleadas.
Que siempre existirán tardes de verano en la luz tenue de las alcobas.
Arroparnos las entrañas.
Solo ser culpables de no tener culpa.
Que el miedo será fugaz.
Poder volar en pajaritas de papel.
Que nos envolverás.
La extinción de los zoos y de cualquier cárcel.
Rodin esculpiendo las formas de las miradas.
El interior de Borneo.
Entrañar la razón.
El Renacimiento en todos los gobiernos, en todas las leyes, en todas las escuelas.
Siempre dormirte con un libro entre las manos.
Tener siempre un alma que acariciar.
La paz en todo y en todos.
Que las canciones y la poesía seguirán unidas por Sabina.
No enfermarnos, salvo de pasión.
Escribir relatos a la luz de las velas, velando, desvelando, revelando las letras.
Finales felices en todos los diagnósticos.
Un viaje. Todos los viajes.
Que la suerte será buena.
Miles de puntos de luz en el tejado de los mundos.
Oler la dulzura de las plantaciones de vainilla.
Abrigar el ánimo.
Una persona. Todas las personas.
Mecerte en los columpios cuando nadie te vea.
Una epidemia mundial de libertad.
Dormir bajo el cielo.
Que siempre habrá salas de cine.
Un escondite en la lontananza de los cuadros.
Una mirada extasiada a los pensamientos y a los sentimientos.
Siempre perder el sentido por el sentimiento.
Tumbarte boca arriba mientras el día dibuja con la luz en el techo.
Un sinfín de mundos sin fronteras.
Que en algún lugar, en todos los lugares, siempre habrá alguien, algo que cuide, que cure, que escuche, que cante, que enseñe, que entusiasme, que acaricie, que acompañe, que ame y que haga que los demás amen y se amen a sí mismos.
¿Me lo prometes mundo, me lo prometes futuro, me lo prometes, vida?.

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